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Medio siglo sin Cherry Navarro.



El cantante de “Aleluya” murió el 28 de septiembre de 1967.
Siempre de punta en blanco, con una voz grave, profunda y un carisma que conquistaba a las jovencitas de la época, un veinteañero conocido como Cherry Navarro irrumpió en la televisión nacional de la década de los ’60, y con temas como Aleluya y Yo soy aquel se fijó como una estampa en la historia de la balada en Venezuela.

Escucharlo cantar era casi como experimentar un magnetismo tan fuerte que logró que su breve historia sea hoy un referente de nuestra música.

Este artista, cuyo nombre de pila era Alexis Navarro, nació en Caripito, en el estado Monagas, el 9 de julio de 1944. Sin embargo, su infancia y formación escolar tendrían a Caracas como escenario, específicamente la parroquia El Valle, a donde su familia se trasladó cuando tenía 14 años de edad.

En la escuela comenzaría su inclinación por la música luego de convertirse en el mejor amigo de José Luis Rodríguez “El Puma”, con quien más tarde participaría en su primera experiencia musical: el grupo Canaima, para tocar en fiestas y pequeñas reuniones. Más tarde se sumaría al conjunto del destacado Chelique Sarabia quien, al igual que el fallecido Renny Ottolina, le diera el apoyo para impulsar su carrera.

En un encuentro con los medios, en 2012, Chelique Sarabia reflexionaba sobre lo que había significado para él: “Era más barítono que tenor. Tenía muy buena dicción cantando, pero no cuando actuaba. Era oriental y hablaba como lo hacemos los orientales: muy rápido (…) Tenía una personalidad de avanzada, en su vestimenta, en su forma de llevar el cabello, en su actitud, era muy jovial, y 50 años después hay temas suyos que siguen sonando”.

Los éxitos que en poco más de cinco años Navarro logró posicionar en la radio –como Chinita de Maracaibo y Yo nací para quererte– demuestran que el artista era tan virtuoso como lo fue su espíritu y eso le permitió adaptarse a todo tipo de géneros.

“Cantaba de todo y en todos los géneros funcionó muy bien”, recuerda Sarabia. “Cantó música criolla con arpa, cuatro y maracas y estrenó la gaita que yo compuse en 1959, Chinita de Maracaibo… Quería comerse el mundo y esa era su actitud, aspiraba a ser una gran estrella y siempre lo decía”.

Una de sus actuaciones más destacadas la realizó justo en el año de su muerte, en 1967, en el exitoso programa de televisión El show de Renny. Allí cantó Aleluya, entre los aplausos efusivos del público y el cuerpo adolorido que disimulaba cada vez más el paso de la enfermedad que lo devoraba: una aplasia medular.

El 28 de septiembre de 1967 -día de su muerte en una habitación del Hospital Vargas- Cherry Navarro dejó para siempre los escenarios con siete discos, un hijo que apenas comenzaba a crecer y decenas de compromisos sin firmar.

Un patrimonio para rescatar

El investigador Félix Allueva ha profundizado en la obra del cantante y no titubea al describir su trabajo como un valor de nuestra música, valor que aseveró se está perdiendo y es necesario acercar a nuestra actualidad.

“Cherry era una persona que venía con una influencia muy marcada en la música popular. Sin embargo, también hizo conexión con el rock and roll y eso le forjó una visión doble: era la cultura popular y la corriente latinoamericana de la década del ’60. Sé que frecuentaba El Club del Twist, el primer antro del rock de Caracas, en Altamira, y fue allí donde, ocasionalmente, cantaba rock and roll”.

Parte de estas anécdotas, vitales al momento de describir la historia breve del artista, son para Allueva un instrumento necesario para promocionar. “Él tenía muy buena voz, una excelente presencia, hizo un gran trabajo y a veces la cultura venezolana suele ser un poco cruel con artistas como Cherry, que al pertenecer una época tan alejada podría ser olvidado por las nuevas generaciones”.

ALGUNOS DATOS

La consagración de Cherry Navarro vino con su primer disco, patrocinado por Chelique Sarabia y grabado en estudios de Madrid. Fue todo un éxito.

El tratamiento para la enfermedad del artista era un trasplante de médula, cuyo donante sería su hermano. Sin embargo, no pudo realizarse por limitaciones médicas de la época.

Félix Allueva describe a Navarro como “un elemento vital de nuestra cultura pop” y uno de los primeros actores de lo que somos como cultura en la actualidad.
En su lecho de muerte, Cherry Navarro entregó a Chelique Sarabia el reloj que lo acompañó durante los días que estuvo hospitalizado. Sarabia aún lo conserva..

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